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El
español fue el primer Imperio en cuestionarse la legalidad y legitimidad de
unas tierras conquistadas, nunca otro había reparado en esta cuestión. De
la necesidad de establecer normas de convivencia con los indígenas del
descubierto Nuevo Mundo, la Monarquía hispánica organizó durante el siglo
XVI una serie de Juntas
Consultivas de Indias formadas por juristas y teólogos. El
resultado de aquellos debates fue la aprobación de las sucesivas Leyes Protectoras de Indias,
precedentes de los actuales Derechos
Humanos.
La
Junta de Valladolid
de 1550 y 1551, que planteó a fondo la "cuestión de los
naturales", fue el origen hispánico de la fundación definitiva de los
Derechos Humanos y antecedente de las actuales resoluciones de la Organización de las Naciones Unidas.
Esta controversia tuvo como referente el pensamiento de Francisco de Vitoria, fundador
del Derecho Internacional de Gentes, y como protagonistas a Bartolomé de las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda.
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| Posición española masacrada |
Durante el verano de 1921 el ejército español padeció lo que hasta
ahora debe considerarse como su mayor derrota militar y que luego fue conocido
como “
El Desastre de Annual”. En este
episodio murieron alrededor de unos doce mil soldados españoles, prácticamente
todos ellos soldados de reemplazo, con escasa preparación, mal armados y
deficientemente equipados. Si unimos a esto la desgraciada planificación
estratégica llevada a cabo por el alto mando español, que desperdigó las tropas
en ciento cuarenta y cuatro posiciones a
lo largo de la ruta que abarcaba desde Melilla hasta Annual, sin dotar estas
posiciones con la debida protección, sistema de suministro de armas, alimentos
y sobre todo agua, aquello estaba destinado inevitablemente a la mayor de las
masacres.
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Con acero, valor, sangre y muerte. Así vencieron los 300 soldados al mando de
Don Pelayo, el primer monarca del reino de Asturias, a los miles de musulmanes que osaron asediar
Covadonga, el último enclave cristiano que aún resistía en la Península Ibérica tras la invasión árabe
Por aquel entonces,
el año 722, una pequeña parte de Asturias
era lo único que quedaba en el mapa de la tierra que un día habían
dominado los visigodos. No obstante, en ella habitaba un ínfimo reducto
de soldados que, tras derrotar y poner en huida al ejército musulmán,
inició hacia el sur la
Reconquista cristiana, aventura que acabaría ocho siglos después cuando los musulmanes fueran expulsados de Granada.
Covadonga fue el pistoletazo de salida del proceso que llevaría al
nacimiento, en un futuro, de los diferentes reinos ibéricos a costa de
la expulsión de los musulmanes. Sin embargo, fue también la reacción
tardía de un pueblo que, en tan sólo diez años, había perdido a manos
del invasor la mayoría del territorio en el que un día se había
asentado.
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El sistema de autogestión yugoslavo
marcó un hito en su época. Podía describirse como un híbrido constituido
por varias formas de organización económica. No era un socialismo
planificado como ocurría en la Unión Soviética, ni tampoco una mera
economía de mercado. Era más bien algo intermedio. El socialismo
yugoslavo no era solamente una economía de propiedad social; abarcaba
muchas otras formas de propiedad. Este sistema gozó de una gran
popularidad en su época, no solamente entre la izquierda, sino también
entre otros poderes políticos. La diversidad de elementos organizativos
era muy amplia. Por un lado, existía en Yugoslavia una administración de
cuadros relativamente estricta y una administración de cuadros del
partido; por otro, una democracia directa, particularmente en las
fábricas: por una parte, el control del partido; por otra, el control
del trabajo. Evidentemente, estos elementos no eran siempre radicalmente
opuestos, dado que el partido gobernante y el trabajador compartían la
misma ideología, es decir, el comunismo, la ideología de izquierdas.
Sin embargo, surgieron diversos
conflictos entre estos poderes. La verdadera democracia directa tuvo
lugar únicamente en los niveles inferiores. Era precisamente en estos
niveles, donde existía una verdadera democracia y donde todo el mundo
podía participar en la toma de decisiones. Pero, al igual que ocurría en
el resto de países comunistas, la democracia en los niveles superiores
era casi inexistente. El control sobre esta democracia directa lo
ejercía un estricto partido de cuadros. Aunque esto era solamente una
parte del todo. La otra parte estaba formada por las economías
planificadas y las de mercado. Especialmente después de 1965, Yugoslavia
gozaba de una economía de mercado relativamente liberalizada. Este
hecho constituía una respuesta a la Unión Soviética. Toda la ideología
de la autogestión yugoslava fue descrita como una especie de tercera
alternativa, que los funcionarios socialistas yugoslavos ponían
continuamente de manifiesto. No era ni socialismo planificado ni
capitalismo. Era un punto intermedio entre estos dos polos opuestos; una
democracia con un verdadero autogobierno. Y esta ideología de la
tercera alternativa permitía además una política exterior mucho más
flexible y beneficiosa, tanto en Oriente como en Occidente.
Las decisiones que se tomaban en las
plantas de producción, se hacían de forma independiente; los consejos
obreros eran soberanos, aunque estuvieran bajo el auspicio del partido
gobernante. Se diferenciaban varios aspectos: aquéllos en los que los
consejos obreros eran soberanos, y otros en los que dependían de los
decretos procedentes de las autoridades. En lo que respecta a la
distribución de los ingresos percibidos en las empresas, los consejos
obreros, representados por todos los obreros y no únicamente por los más
cualificados, disponían de total independencia en la toma de
decisiones. ¿Qué porcentaje de ingresos debía distribuirse, qué
porcentaje debía destinarse a otro tipo de actividades?, etcétera.
Sin embargo, en las plantas de
producción surgían también diversas cuestiones técnicas, donde los
controles laborales no eran soberanos. Estas cuestiones eran puramente
técnicas, o bien asuntos relacionados con la ingeniería, tecnología,
etcétera. En estos casos, los expertos eran soberanos. Existían, por
tanto, tres áreas: una primera área relacionada con las cuestiones
puramente técnicas, una segunda dedicada a los asuntos de distribución
dentro de la planta y la tercera, que hacía referencia al problema de la
administración de cuadros. En estos casos, el comité del partido
siempre tenía la última palabra y no existían decisiones soberanas por
parte de los consejos obreros. Se podría decir que era una democracia
directa mixta compuesta por varias capas. No obstante, si la comparamos,
por ejemplo, con el estado actual en el que se encuentra Yugoslavia,
donde impera una especie de capitalismo salvaje, podríamos decir que era
una democracia que funcionaba relativamente bien. La clase trabajadora y
la gente pobre disfrutaba de una clase de derecho soberano, que no
tienen hoy en día. No se puede calificar el sistema de autogestión
yugoslavo en su totalidad de totalitario, pero tampoco debemos idealizar
este tema del socialismo. La verdad subyace en un punto intermedio,
como ocurre en el resto de áreas. La verdad se erige entre estos dos
polos: un sistema unipartidario que disfrutaba también de una democracia
directa en los niveles inferiores. Por ejemplo, en lo que respecta a
los trabajadores, éstos no podían perder sus trabajos si el consejo
laboral no se encontraba activo. La decisión final no dependía de la
dirección. El consejo laboral, representado también por los
trabajadores, decidía la valía de un trabajador. Hoy en día, únicamente
son válidos los decretos. Asimismo, los consejos laborales eran
soberanos en otros asuntos sociales, como era el caso de los
apartamentos, vacaciones y distribución de ingresos.

Evidentemente, la lista de problemas era
innumerable. A continuación, me gustaría aclarar una serie de problemas
estructurales. El sistema yugoslavo de autogestión surgió en un estado
balcánico relativamente subdesarrollado. Ello fue especialmente
relevante para la población activa. En los años 50, y durante el período
de gestación del sistema de autogestión, el índice de población rural
subdesarrollada era bastante elevado. En primer lugar, se hizo necesaria
la creación de una clase trabajadora moderna, lo que no resultó nada
fácil debido a que muchos trabajadores habían asentado sus raíces en sus
pueblos de origen. Los agricultores tuvieron que trabajar en la
industria. Este hecho constituyó uno de los problemas fundamentales,
dado que no estaba exclusivamente vinculado a una cultura industrial,
sino también a una cultura política inmadura. El área de los Balcanes
era un mar de guerras y dictadores y no gozábamos de una extensa
tradición de cultura política. Este factor tuvo también una gran
repercusión en el sistema de autogestión. Un sistema de autogestión
puede funcionar únicamente en un entorno cultural. Sin cultura, sin
educación, sin escuelas, sin especialización, la autogestión no tiene
cabida. El segundo problema que he mencionado lo constituía el contraste
entre la democracia directa y el control ejercido por el cuadro: esta
escisión interna que tuvo lugar entre el control del partido y la lucha
de los trabajadores por crear su propio espacio democrático. Y el tercer
problema estructural importante fue el contraste predominante en
Yugoslavia entre las zonas más opulentas y las más humildes, las
repúblicas pudientes y las más necesitadas, que posteriormente entrarían
a formar parte de las naciones ricas y pobres. Desde comienzos de los
años 60, vivimos un conflicto latente entre ricos y pobres. Tito tuvo
que actuar constantemente como mediador entre ricos y pobres. Se libraba
una incesante batalla por la distribución de los ingresos federales.
Esta contradicción estructural impidió el funcionamiento del sistema de
autogestión yugoslavo.
En lo que a mí respecta, el sistema de
autogestión yugoslavo experimentó un mayor desarrollo en Eslovenia, la
república más desarrollada. En Kosovo, Macedonia y Montenegro, donde
imperaban las antiguas estructuras tribales, nunca pudo existir un
verdadero sistema de autogestión y democracia. Yugoslavia era un estado
federal compuesto por áreas muy diversas. Existían diferencias en el
ámbito de la cultura, religión y, asimismo, en el nivel industrial de
desarrollo. La coordinación se hacía una tarea impracticable. No
obstante, se hizo posible; este sistema funcionó durante al menos
cuarenta años. Además, Tito jugó un papel muy importante como líder de
un estado insólito y contradictorio.
El sistema de autogestión yugoslavo fue
una laboratorio social, además de nacional. Bajo un punto de vista
social, fue todo un experimento en el que confluyeron un sinfín de
ideas. El legado de la Comuna de París, de la democracia social serbia a
finales del siglo XIX y de la anarquía, que representaría
posteriormente un papel muy importante en la crítica del estalinismo.
Estos elementos anárquicos, y en algunos casos trosquistas, formaban
parte de la ideología del partido de Tito y favorecían la crítica del
estalinismo. Por otro lado, y como ya he comentado anteriormente, el
sistema de autogestión yugoslavo fue un laboratorio nacional, e incluso
transnacional. Este sistema fue un régimen que vio cómo convivían
pacíficamente distintas naciones, se practicaba una economía
transnacional y el líder transnacional alcanzaba una popularidad sin
precedentes, desde Macedonia hasta Eslovenia. El carisma de Tito, aunque
autoritario, tuvo una función claramente cosmopolita. Una vez lo
comparé con el carisma de Alejandro el Grande. Fue un líder autoritario,
pero acercó a personas de muy diversa índole. Eso también decía mucho
de Tito. Asimismo, me gustaría aclarar que debemos considerar la
historia de este sistema de autogestión yugoslavo desde una perspectiva
radical.
Debemos conocer a fondo la historia de
nuestro pasado para poder emitir un juicio de valor sobre el
autoritarismo del sistema imperante en aquel entonces. Fue una
democracia directa, autoritaria e ilustrada, aunque a simple vista,
estos términos puedan parecer contradictorios. No obstante, creo que
todo fue muy contradictorio. Es imposible comprender este estado
mediante el empleo de términos y categorías inequívocas.
El edificio de enfrente era el comité
central de la Liga Comunista Yugoslava. Las sesiones se llevaban a cabo
en este bonito y moderno edificio que fue construido en los años 70 y
bombardeado en 1999, aunque ya estaba bastante demolido por entonces.
Posteriormente, lo compró un empresario, que restauró el anterior Comité
Central y que ahora utiliza para sus propios fines personales. Lo que
vemos a continuación, es un momento histórico decisivo. Esta plaza, que
vivió la crítica acérrima al capitalismo, se ha convertido ahora en una
plaza capitalista y comercial.
Bajo mi punto de vista, la autogestión
no puede morir nunca. No se trata únicamente de una mera cuestión
romántica, ni tampoco de una especie de democracia totalitaria que tanto
reivindican los liberales de hoy en día. Es una democracia íntegra,
aunque lamentablemente inviable en el sistema de globalización actual.
De forma parecida a lo que ocurre con cualquier otra idea, el sistema de
autogestión debe desarrollarse en una época donde los contrastes
sociales sean lo suficientemente maduros como para crear este tipo de
democracia. Esta situación se pudo encontrar en la Yugoslavia de los
años 50 y 60, donde existía un consistente contraste entre el
estalinismo y el capitalismo liberal. Por lo tanto, no creo que haya
llegado todavía el momento de implantar un sistema de autogestión en un
capitalismo globalizado, donde la privatización es un concepto estándar.
Mi visión de lo que sería una sociedad
deseable tiene muchas vertientes. Cada época histórica crea la suya
propia. Mi opinión a este respecto es que esa visión nunca podrá ser un
capitalismo salvaje. Es necesaria una coexistencia pacífica entre los
distintos tipos de propiedad y, especialmente, entre las distintas
sociedades, tanto a escala nacional como social. Sin una paz social y
nacional, algo que conocemos muy de cerca en los Balcanes, no hay cabida
para visiones de futuro, utopías o críticas sensatas de lo que tenemos.
Por lo tanto, mi punto de vista está bastante alejado del capitalismo
normalizado en el que vivimos hoy en día.
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El Imperio español vivió su cénit en
1580 con la anexión de Portugal, que entonces se encontraba entre las
mayores potencias de Europa. «El mundo no es suficiente», rezaba el lema
que Felipe II asumió tras la conquista del país vecino, en clara
referencia al emblema de su padre «
Plus ultra» («Ir más allá»). Pero no solo se adquirió un nuevo lema, la propaganda de
Felipe II
desempolvó la idea de que Portugal siempre había formado parte del
Reino de León –cuando se separó lo hizo de forma ilegal, consideraban– y
extendió el uso del león vinculado a
una Monarquía Hispánica
que volvía a unir a aquellos reinos hermanos. El enfrentamiento entre
un león coronado (símbolo del reino de León) y un dragón (símbolo de
Portugal) fue un episodio recurrente en la heráldica de la época.
La vieja idea de un único y cristiano reino ibérico era, de hecho, un lugar común en la Edad Media. A finales de
la Baja Edad Media, la dinastía Trastámara se propuso en varias ocasiones vincular
la Corona de Castilla
con la de Portugal, si bien una de sus intentonas pasó a la historia
como la peor de las derrotas castellanas frente a Portugal. En 1384,
Juan I de Castilla entró en Portugal por la ruta de
Ciudad Rodrigo y
Celorico a reclamar los derechos dinásticos de su esposa, y de paso los suyos, a cuenta de la muerte de
Fernando I de Portugal, el último representante de la Casa Borgoña.

- Alegoría de la conquista de Portugal (un dragón) por el León Hispano
Las derrotas que sufrió el ejército de Juan en Trancoso y Aljubarrota,
en mayo y en agosto de 1385, supusieron el fin de sus posibilidades de
imponerse como Rey. A partir de entonces, los Avis iniciarán en el país
vecino uno de los periodos de mayor esplendor. Hasta su final no
regresaron las ambiciones españolas.
A principios de la Edad Moderna, los Trastámara y los
Avis firmaron una serie de matrimonios que pretendían desembocar en la
unión de reinos tras los tiempos turbulentos de Enrique el Impotente. El
dragón y el león de nuevo juntos. Isabel, hija mayor de los Reyes
Católicos, se casó sucesivamente con dos príncipes portugueses, Alfonso y Manuel I, y pareció por un momento que reinaría en toda la península. Cuando el único hijo varón de los Reyes Católicos
falleció sin herederos, las esperanzas de unir, al fin, los reinos
hispánicos se centraron en que Isabel diera a luz un heredero sano. Sin
embargo, las complicaciones del parto causaron una hemorragia a Isabel,
que falleció con solo 28 años, y su hijo Miguel tampoco vivió mucho
tiempo. Murió de unas fiebres repentinas antes de cumplir dos años,
cuando se hallaba bajo la custodia de sus abuelos en Granada. Con él se evaporó un sueño que Felipe II sí cumpliría más adelante.
Felipe II materializa la ansiada unión
Cuando en 1578 el Rey de Portugal Sebastián I de Avís perdió la vida en una demencial incursión por el norte de África,
Felipe II –emparentado con la dinastía portuguesa por vía materna–
desplegó una contundente campaña a nivel diplomático para postularse
como el heredero a la Corona lusa, que fue asumida brevemente por el Cardenal-infante don Enrique hasta su muerte.
«El reino de Portugal lo heredé, lo compré y lo conquisté», aseguraría
Felipe II. El Rey Prudente contaba con el apoyo de buena parte de la
nobleza portuguesa y el beneplácito de las potencias europeas (más bien
resignación), pero el levantamiento popular promovido por Antonio, el Prior de Crato, hijo bastardo del infante Luis de Portugal,
obligó al Imperio español a iniciar las operaciones militares. El país
vecino rindió pleitesía a Felipe II en abril de 1581, siendo coronado
Felipe I de Portugal.
«Los portugueses cada vez son más en las Indias españolas y llegan
en todas las flotas, mientras que tienen buen cuidado en mantener a los
castellanos alejados de las Indias Orientales»

- Retrato de Felipe II, primer Rey español reinando en Portugal
El imperio donde no se ponía el sol
suponía, en la práctica, un conjunto de territorios con sus propias
estructuras institucionales y ordenamientos jurídicos, diferentes y
particulares, que se hallaban gobernados por los monarcas españoles de
la Casa de Austria o por sus representantes. El Rey hacía cumplir su
voluntad en Lisboa a través de un gobernador o un
virrey, que solían rodearse convenientemente de funcionarios locales.
Los oficios públicos se reservaban para los súbditos portugueses tanto
en la metrópoli como en su territorios ultramarinos.
Entre 1580 y 1640, los portugueses se cuidaron de ser ellos quienes gestionaban su imperio comercial bajo la supervisión general de Madrid,
que abrió todo el mercado americano a los insaciables comerciante
portugueses. No fueron los castellanos los que penetraron en las
posesiones portuguesas, como tanto temieron aquellos que siguieron al Prior Antonio
en sus revueltas, sino todo lo contrario. A principios del siglo XVII
se sucedieron las quejas contra los omnipresentes comerciantes
portugueses por parte de colonos castellanos, mexicanos, peruanos: «Los
portugueses cada vez son más en las Indias españolas y llegan en todas las flotas, mientras que tienen buen cuidado en mantener a los castellanos alejados de las Indias Orientales».
A pesar de las quejas castellanas, la relación entre Madrid y Lisboa
se mantuvo estable sin revueltas ni apenas incidentes durante el reinado
de
Felipe II (I de Portugal) y
Felipe III
(II de Portugal), pero el progresivo debilitamiento del Imperio español
empezó a sembrar la discordia entre la nobleza portuguesa, harta de
tener que disputarse cada vez más cargos con otros súbditos de la
Monarquía.
Las agresiones holandesas a los territorios de Portugal durante
la Tregua de los 12 años hicieron
ver a la aristocracia lusa que el Rey de España no podía satisfacer a
todas las partes. Además, se responsabilizó a los castellanos de
la pérdida de Amboina (1605),
Ormuz (1622) y
São Jorge da Mina
(1637), el cierre de los puertos de Japón en 1637, y de las incursiones
holandesas en Sudamérica. Aunque quisiera, Portugal no podía negociar
una paz con sus enemigos si éstos también lo eran de los Austrias
Durante los doce años de tregua, los barcos holandeses comerciaron el
doble de pimienta asiática que los portugueses y, al reanudar el
conflicto, los principales ataques fueron dirigidos hacia las mal
defendidas colonias portuguesas. En 1624, una flota holandesa dirigida
por
Jacobo Willekens asaltó Salvador de Bahía, capital portuguesa en
Brasil,
y se preparó para quedarse en propiedad esta estratégica ciudad. No fue
recuperada hasta que la mayor flota que jamás hubiera cruzado el
Atlántico, bajo el mando de
Don Fadrique de Toledo, atacó en abril del año siguiente Bahía.
Los problemas de Castilla y del asediado Imperio español cada vez
afectaba más a los reinos periféricos. O al menos esa era la visión
lusa, cuyo imperio colonial en verdad llevaba un siglo afectado por una
enfermedad degenerativa: habían descuidado totalmente sus defensas y su
economía estaba en crisis.
El Conde-Duque acelera la rebelión
El estallido de violencia era ya inevitable, sirviendo el Conde-Duque la excusa con su Unión de Armas,
es decir, con un proyecto que buscaba aumentar la implicación militar
del resto de reinos en los asuntos y guerras de los Austrias. Y es que,
como explica John Lynch en su libro «Los Austrias»
(Biblioteca Historia de España): «Portugal era un problema fiscal para
Castilla. No aportaba ingresos regulares a la hacienda central y sus
defensas en la península tenían que ser costeadas por Castilla, de la
que esperada, además, que acudiera periódicamente a la defensa de
Brasil». Es por ello que Olivares insistió en que Portugal integrase la
Unión de Armas, a cambio de que los portugueses ocuparan un papel más
protagonista en la Monarquía.
Pero en paralelo a esta oferta, Olivares desarrolló una estrategia de
infiltración de sus hombres en el gobierno portugués. Designó para este
propósito a
Margarita de Saboya como virreina y a un
grupo de castellanos como sus consejeros. En 1634 y 1637, se produjeron
dos revueltas populares, especialmente en la región del Alentejo, como
respuesta al desembarco de funcionarios castellanos y al aumento de la
carga fiscal; pero fue en la crisis de 1640 cuando la aristocracia
portuguesa se levantó aprovechando la guerra de España con Francia y la
sublevación de Cataluña. En suma, prendió la mayor crisis del Imperio
español en su historia cuando
Cataluña,
Portugal,
Nápoles y
Sicilia emprendieron, con suerte desigual, sendas rebeliones contra Felipe IV.
El levantamiento portugués fue planeado en Lisboa por miembros de la
nobleza, el clero y militares para destronar a los Austrias y proclamar
un Rey portugués. El detonante final fue la exigencia de Olivares de que
6.000 soldados portugueses y la mayor parte de la nobleza en edad de
combatir se sumaran a la guerra en Cataluña. Como respuesta, un grupo de
conspiradores irrumpió en
el Paço da Ribeira (Lisboa) el 1 de diciembre de 1640, sorprendiendo al secretario de Estado,
Miguel de Vasconcelos, quien fue asesinado y defenestrado por la fachada del
Palacio Real.
A raíz de estos graves acontecimientos, Margarita de Saboya intentó
calmar los ánimos, pero pronto se vio aislada, sin apoyo local y
finalmente encerrada por los rebeldes. La comunidad de jesuitas y el
pueblo llano se decantó en bloque por los nobles rebeldes e hicieron
triunfar el levantamiento.
En su lugar aclamaron al Duque de Braganza como Rey, con el título de
Juan IV de Portugal,
alegando viejos derechos dinásticos anteriores a la llegada de Felipe
II de España. El nuevo monarca autorizó a Margarita de Saboya a que
partiera para España en los primeros días de diciembre de 1641. Y es que
eran aquellos los albores de una guerra que iba a alargarse durante 28
años.
Frente a la rebelión general, Felipe
IV y el Conde-Duque empezaron a preparar la reconquista. Para ello
encomendaron al duque de Medina-Sidonia la capitanía
general de un ejército que debía atacar a los rebeldes y derrocar a Juan
de Braganza. No obstante, la lentitud y falta de iniciativa del noble
andaluz dejaron entrever sus planes ocultos: la nueva Reina de Portugal,
Luisa de Guzmán, era hermana del duque de
Medina-Sidonia y, de hecho, era ella quien había convencido a su marido
Juan II de Braganza para que aceptara la Corona diciendo, según la
tradición: «Más vale ser Reina por un día que duquesa toda la vida!».
Sin capacidad de iniciar operaciones de la magnitud de antaño, el
Imperio español se resignó durante años a una guerra de frontera
especialmente dada a episodios de violencia y odios acumulados.
Así fracasaron los sucesivos esfuerzos de una agotada Castilla
por tomar el control luso. Los escasos avances españoles se vieron una y
otra vez malogrados debido a la ayuda internacional enviada casi desde
el principio por Francia, Inglaterra y Holanda
(firmaron con Portugal una tregua de 10 años en junio de 1641). Por el
contrario, fueron las tropas portuguesas las que en 1657 invadieron
España, amenazando seriamente Badajoz.
Portugal pierde sus colonias lentamente
En 1661, Don Juan José
–el más famoso hijo bastardo de Felipe IV– se encargó de dirigir la
última de las grandes intentonas. Las fuerzas portuguesas destrozaron en
1663 al ejército castellano en la batalla de el Ameixial, sufriendo más de 10.000 bajas
contra solo 1.000 de los vencedores portugueses. Aquella fue la enésima
batalla de la guerra de restauración portuguesa y la que marcó el final
de la carrera militar de Juan José de Austria, que no la política.
La mayoría de las colonias portuguesas terminaron pronto en manos
de los que habían ayudado al país vecino a obtener la independencia
Muerto Felipe IV; a su viuda, Mariana de
Austria, no le quedaron fuerzas ni ganas de continuar con el conflicto y
reconoció el 13 de febrero de 1668 la independencia de Portugal. No en
vano, sin los recursos y el escudo del Imperio español, la mayoría de
las colonias portuguesas terminaron pronto en manos de los que, como Holanda e Inglaterra,
habían ayudado al país vecino a obtener la independencia. La separación
fue traumática y no benefició a largo plazo a ninguna de las partes. Ni
Portugal podía defenderse en América sin España; ni España podía
sobrevivir en Asia sin Portugal.
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Cuenta
la francesa Simone Weil de sus vivencias en la Columna Durruti que en
una escaramuza capturaron a un chico de 15 años que peleaba con los
nacionales. «Lo registraron; se le encontró una medalla de la Virgen y
un carné de Falange», relata. «Lo enviaron ante Durruti, quien le dio a
elegir entre morir o incorporarse a las filas de quienes le habían
capturado. Le dio un plazo de 24 horas para reflexionar. El muchacho
dijo que no y fue fusilado…»
¿Hubiese actuado igual el enaltecido
líder anarquista si el capturado hubiera sido el militante de Falange
Española de las JONS Marciano Pedro Durruti Domingo, penúltimo de sus
siete hermanos?
Quince años más joven que
Buenaventura, Marciano Pedro, tan exaltado como su hermano, ingresó en
la Falange a comienzos de 1936, trató de mediar entre José Antonio Primo
de R
ivera y el propio Buenaventura y acabó
fusilado por miembros de su mismo bando en 1937. Para él valdría el
retrato que Pío Baroja trazó de su hermano: «Durruti era tipo para tener
biografía en romance, en un pliego de literatura de cordel, con un
grabado borroso en la primera página».
Marciano Pedro Durruti Domingo -no
Domínguez, por más que lo pongan biógrafos de Buenaventura- había nacido
en León el 6 de marzo de 1911. Para entonces su hermano Buenaventura
estaba a punto de cumplir 15 años y no hacía mucho que había dejado los
estudios para incorporarse al taller de Melchor Martínez, donde, como
escribe Abel Paz, aprendería socialismo además del oficio de mecánico.
Marciano Pedro acabaría igualmente siendo mecánico y chapista.
También como su hermano Buenaventura,
empezó desde joven a militar en política. Inicialmente, en las filas del
anarquismo y, seguramente, con la misma ostentación sobreactuada con
que años después defendería el falangismo. En octubre de 1934, a los 23
años, y con su hermano Buenaventura ya convertido en mito anarquista,
Marciano Pedro fue puesto a disposición de las autoridades militares de
León por considerársele implicado en el movimiento revolucionario y
significado elemento de la FAI.
DE ANARQUISTA A FALANGE
Ha sido Manuel
Durruti Cubría, doctor en Ciencias Químicas por la universidad alemana
de Heidelberg y sobrino de Buenaventura y Marciano, quien de verdad se
ha tomado el trabajo de exhumar el perfil del hermano falangista. En su
empeño de esclarecer la memoria de los Durruti al margen de filias y
fobias políticas, él fue quien dio con los papeles de la causa 405/37
que condenó a la pena capital a su tío Marciano.
Al poco más de un año de la detención
de 1934, Marciano ya militaba en Falange. La afiliación de un hermano de
Buenaventura Durruti que, además, había pertenecido al Ateneo Obrero
despertó recelo entre ciertos falangistas locales. Pese a lo cual, el
joven mecánico leonés ingresó el 5 de febrero de 1936 con el aval, nada
menos, que de José Antonio Primo de Rivera.
El poeta Victoriano Crémer dedica un
cálido espacio a Marciano Pedro Durruti -él lo llama Pedro, a secas, y
lo define como «anarco-falangista»- en su memorial El libro de San
Marcos. Los dos coincidieron en la penosa cárcel leonesa de San Marcos.
En ese libro, Crémer alude a la
relación de Marciano con Primo de Rivera y a un intento de mediación del
falangista leonés entre su hermano y José Antonio. «Aquel Pedro
Durruti, bajo y fuerte como un legionario romano», escribe Crémer, «de
mirada insolente y penetrante como todos los del clan y palabra
arrebatada comenzó a desplegar actividades en los distintos campos,
convertido en conspirador de la fusión o de la confusión. Y fue de José
Antonio a Buenaventura y de éste a Angel Pestaña [anarquista fundador
del Partido Sindicalista]».
Un informe del delegado de Orden
Público de León asegura que Primo de Rivera dio un cargo a Marciano
Durruti en Falange Española de Madrid «por una gestión que había hecho
con los anarquistas de Barcelona». En cualquier caso, no parece que los
contactos fueran muy fructíferos. Como remata Crémer: «A punto estuvo
[Marciano] de ser estrangulado por su propio hermano cuando le llegó con
la embajada del desaforado contubernio».

El
joven Durruti coincidió con Primo de Rivera en julio de 1936 en la
madrileña cárcel Modelo. De allí salió Marciano por mediación de su
madre, Anastasia Domingo, que, al parecer, movió importantes influencias
(¿Azaña, Angel Pestaña, su propio hijo Buenaventura?).
A su vuelta de Madrid, en los primeros
días del conflicto civil, buscó refugio en casa de otro de los hermanos
Durruti, entonces destinado como fogonero en la reserva de locomotoras
de la localidad leonesa de Busdongo. Y de allí pasó a León, donde un año
más tarde se precipitaría su tragedia.
En una ciudad pequeña y de atmósfera
tirando a levítica como León, un tipo vehemente como Marciano Durruti,
llegado al falangismo del anarquismo, tenía las de perder. Y su
alineamiento con las tesis del sucesor de Primo de Rivera, Manuel
Hedilla, condenado a muerte por Franco por resistirse a la unificación
de Falange Española con los tradicionalistas, sería el detonante de su
condena.
IDEAS CORROSIVAS
Según el sumario del
consejo de guerra celebrado contra él entre el 21 y el 22 de agosto de
1937, Marciano Durruti iba proclamando con absoluto descaro, en público y
en privado, ideas corrosivas como la disolución de la Guardia Civil, la
desaparición del clero, la admisión en Falange de socialistas y
comunistas o la subordinación del Ejército a Falange. Incluso se recogió
un informe que insinuaba que podría haber dado, o eso se decía, el
fichero de Falange a la Dirección General de Seguridad republicana,
debido a lo cual habrían sido fusiladas gentes de derechas por elementos
marxistas.
De poco vale argüir en su descargo una
nota publicada en el diario anarquista Claridad en abril de 1936: «En
cuanto a la detención de un tal Marcelo [sic] Durruti en compañía de un
pistolero a sueldo del fascio llamado Moldes hemos de decir que, aunque
él se llama anarquista no es tal, pues los informes que de él tenemos
son pésimos, y no hay más sino que nuestro querido compañero
Buenaventura Durruti tiene la desgracia de ser hermano suyo, y este
sinvergüenza trata de explotar el nombre limpio de su hermano, olvidando
que éste le tuvo que echar de su lado».
La suerte de Marciano Pedro estaba
echada y en un vertiginoso -y algo chapucero- consejo de guerra se le
condenó a muerte por adhesión a la rebelión con la peculiaridad de que
la pena fuese «ejecutada por individuos de la misma organización del
condenado».
Marciano Pedro murió fusilado el mismo
día 22 de agosto en El Ferral del Bernesga, en León. Se ignora si fue
amortajado con la prenda para la que, sugiere Victoriano Crémer, su
hermana Rosa habría bordado la estampilla del yugo y las flechas, en
labor como sacada del Cara al sol. Enterrado en el cementerio municipal
de León, Marciano Pedro Durruti no podía aspirar a un duelo
multitudinario como el que Barcelona ofreció a su hermano Buenaventura,
cuya muerte sigue sin esclarecerse del todo. Unos dicen que fue un
accidente con su propio fusil; otros, que fue asesinado por agentes
estalinistas, ejecutado entonces por gente de su mismo bando, como
ocurrió con Marciano.
Fuera como fuese, Buenaventura murió
el mismo 20-N de 1936 que José Antonio Primo de Rivera, ¿el mentor de
Marciano Pedro? Tristes ironías, disidencias, tal vez caprichos de la
Historia.
LAS CLAVES
Buenaventura Durruti (1896-1936). Expulsado de UGT
por su exaltada actuación en la huelga de 1917, se convirtió en el
referente del anarquismo español hasta el estallido de la Guerra Civil.
Murió el 20 de noviembre de 1936 en el frente de Madrid y fue enterrado
entre multitudes en Barcelona.
Marciano Durruti (1911-1937). Tras militar en el
anarquismo, se afilió a Falange en 1936 y llegó a tratar con José
Antonio Primo de Rivera. Murió nueve meses después que su hermano,
fusilado por miembros de su mismo bando que le consideraban radical.
San Marcos. Hoy famoso Hostal de Paradores
Nacionales, el edificio de San Marcos, en León, fue el penal en que
Marcelo Durruti pasó sus últimas horas. Allí estuvieron recluidos
también Francisco de Quevedo o, más recientemente, el capitán de
Infantería Juan Rodríguez Lozano, abuelo de José Luis Rodríguez
Zapatero. Centenares de leoneses desafectos al golpe del 18 de julio de
1936 dieron con sus huesos allí.
-

De todas las mentiras que he escuchado a lo largo de mi vida sobre
asuntos históricos, quizá entre las que más me molestan estén las
relativas al papel ejercido por España en América. Las que conforman la “
Leyenda Negra” que acusa a España de genocida y esclavizadora de los pueblos americanos durante la
Conquista.
Y me molestan porque son acusaciones falsas e infundadas, que a base
de ser repetidas e introducidas con calzador en el ideario popular,
hemos acabado por creérnoslas hasta los propios españoles. Todo proceso
histórico conquistador o colonizador conlleva el uso de la violencia y
de las armas. Si bien el
Imperio Romano invadió y conquistó España desde el
siglo III A.C., arrasando y aniquilando a nuestros antepasados
celtíberos, lusitanos, astures o cántabros,
a nadie con un mínimo de inteligencia se le ocurriría hoy decir que
Roma es la culpable de “la aniquilación de España” y del “sometimiento
injusto” de nuestro pueblo. Más bien, los españoles mantendremos una
deuda eterna con Roma por habernos dejado un legado inigualable tras su
paso, latinizándonos y regalándonos su influencia y su organización.
Algo parecido, o quizá de superior magnitud, sucedió en lo que respecta a
la transmisión de riqueza a América tras nuestra llegada. La
diferencia, sin embargo, es que el Imperio Romano no tuvo la mala suerte
de contar con un enemigo anglosajón que volcara sobre él durante
siglos infinitas mentiras y leyendas destinadas a diezmar su
legitimidad y grandeza incontestables.
También los propios
Tlaxcaltecas ayudaron a
Hernán Cortés a derrotar a sus enemigos de
Tenochtitlán (los Aztecas de
Moctezuma),
y los Aztecas, a su vez, combatieron junto a los españoles en
posteriores colonizaciones…La historia, como vemos, es al final una
sucesión de conquistas, y si bien se cometieron algunos casos aislados
de maltrato durante los periodos de introducción y de Conquista
(inevitables teniendo en cuenta las gentes, las circunstancias y la
época) España no ejerció sobre los nativos americanos ningún tipo de
genocidio ni esclavitud generalizado. Muy al contrario, podemos decir (y
avalarlo con documentación y hechos contrastados de la historia), que
España fue el único país de Europa que siempre protegió en su Conquista
a los nativos de todos nuestros territorios de Ultramar,
garantizándoles una vida digna y unos derechos integrales.
Pocos años después de nuestra llegada a tierras americanas, y en
virtud de nuestra condición de Reino católico (clave en nuestra
posterior relación con los indígenas), y del impulso de nuestros
frailes
Franciscanos y Jesuitas, fuimos los propios españoles
quienes dictamos multitud de normas, leyes y decretos oficiales que
protegían a los indígenas de cualquier abuso. Y fue la propia
Reina Isabel la Católica quien determinó tras el primer viaje de
Colón,
que los indios nativos no debían ser considerados esclavos, ni
siquiera gentes colonizadas, sino súbditos de pleno derecho de la
Corona Española, como habitantes de las nuevas provincias recién descubiertas.
Llegada de Cristóbal Colón a América
Y nos tomamos tan en serio los españoles la aplicación de justicia sobre los indígenas del
Nuevo Mundo,
que la Monarquía Hispánica inmediatamente acometió las reformas
necesarias para regular su trato de forma oficial. De esta manera, nada
más dos décadas después de iniciarse el Descubrimiento (
el 27 de diciembre de 1512), España abolió la esclavitud indígena mediante las “
Leyes de Burgos”, en las cuales se emitieron las ordenanzas necesarias “
para el gobierno con mayor justicia de los naturales, indios o indígenas” y se estableció que el Rey de España tenía derecho a “
justos títulos”
de dominio del Nuevo Mundo, pero sin derecho a explotar al indio, que
era hombre libre y podía tener propiedades, pero que como súbdito debía
trabajar a favor de la Corona sin mediar la esclavitud, retribuido y
con libertades garantizadas, a través de los españoles allí asentados.
España anteponía la evangelización de los nativos a cualquier otra
materia, nativos a quienes consideraba hermanos cristianos, dejando a un
lado las excepciones salvajes que efectivamente se pudieran dar y de
las que de ninguna manera fue culpable España como unidad.

Pero las “Leyes de Burgos” no fueron unas leyes aisladas en lo referente al trato a los indígenas, y treinta años más tarde (
1542), España emitía las “
Leyes Nuevas” (o
Leyes
y ordenanzas nuevamente hechas por Su Majestad para la gobernación de
las Indias y buen tratamiento y conservación de los indios), en
las que entre otras cosas se regulaba aún más en detalle el trato a
los nativos, proclamando de nuevo su libertad y suprimiendo igualmente
las encomiendas. Eran normas emitidas por los propios españoles y que
restaban derechos a los pobladores españoles en beneficio de los
indígenas, algo inédito en aquel momento y digno de asombrosa
admiración…En esas “Leyes Nuevas”, el
Emperador Carlos V mandó
constituir una comisión que determinara la limitación de los derechos de
los españoles en sus encomiendas y el sistema y forma en que se
llevaban a cabo las Conquistas (no podían violarse los derechos
indígenas en ese proceso). En dichas leyes, también se regulaban los
tributos que los indígenas debían aportar al Estado, como súbditos del
Rey que eran y no como esclavos.
En resumen, en lo relativo al trato a los indígenas, las “Leyes Nuevas” aportaban lo siguiente:
–
Sobre la esclavitud:
* Cuidar la conservación y gobierno y buen trato de los indios
* Que no hubiera causa ni motivo alguno para hacer esclavos, ni por guerra, ni por rebeldía, ni por rescate, ni de otra manera alguna.
* Que los esclavos existentes fueran puestos en libertad, si no se
mostraba el pleno derecho jurídico a mantenerlos en ese estado.
* Que se acabara la mala costumbre de hacer que los indios
sirvieran de cargadores (tamemes), sin su propia voluntad y con la
debida retribución.
* Que no fueran llevados a regiones remotas con el pretexto de la pesca de perlas.
* Se dictó orden a la armada española para la persecución y castigo
de las naves esclavistas inglesas, holandesas y portuguesas que
infectaban el caribe con destino a las colonias anglosajonas y a
Brasil.
–
Sobre las encomiendas:
* Que los oficiales reales, del virrey para abajo, no tuvieran
derecho a la encomienda de indios, lo mismo que las órdenes religiosas,
hospitales, obras comunales o cofradías.
* Que el repartimiento dado a los primeros Conquistadores cesara totalmente a la muerte de ellos y los indios fueran puestos bajo la real Corona, sin que nadie pudiera heredar su tenencia y dominio.
Y es que, como decía el historiador e hispanista estadounidense
Lewis Hanke, uno de los mayores expertos sobre Hispanoamérica: “
Ninguna nación europea se responsabilizó de su deber cristiano hacia los pueblos nativos tan seriamente como lo hizo España”.
Y no solo cuidamos más que ningún otro país nuestra relación con
aquellos nuevos compatriotas, sino que el nacimiento del Imperio Español
en América supuso, de facto, en inicio de uno de los periodos más
prósperos de la historia universal. Un periodo en el cual la ciudad de
México
llegó a convertirse en la urbe más grande y rica del planeta, o en el
que cuando llegaron las independencias, España había creado un legado
que convertía a Hispanoamérica en la región más próspera del planeta,
con un nivel de vida y una economía incluso superiores a las de la
Europa de entonces y con unas ciudades (como
Lima, Santa Fe de Bogotá o México), mucho más importantes que
Londres, París o la Roma
de aquel momento…Y fuimos quizá tan respetuosos y precavidos, que
podemos afirmar que los problemas reales de las independencias
americanas no fueron causados por España, sino por los trágicos y mal
llamados “
libertadores”, que en nombre de una falsa igualdad
arrebataron a los indios sus derechos y sus tierras comunales,
amparadas por las leyes y los derechos que los españoles habíamos
decretado siglos antes.
Restos de las reducciones de Paraguay
Nuestra labor en América no tuvo absolutamente nada que ver con
genocidios o esclavitudes, y sin embargo sí mucho que ver con el
florecimiento en América de una nueva cultura que venía a cambiar para
mejor la que nos encontramos al llegar. Descubrimos sociedades
tecnológica y humanamente 3000 años atrasadas, generalmente inconexas
entre ellas, que en su práctica totalidad practicaban el
canibalismo y los
sacrificios humanos, y a las cuales situamos a la cabeza del mundo en pocos siglos. Y es España la responsable de haber trasladado a América el
urbanismo,
el derecho, las economías estructuradas, la agricultura, las
universidades, las catedrales, las técnicas arquitectónicas, la
influencia del Renacimiento, la imprenta, la rueda, la escritura, la
música o la fe, entre otras infinitas cosas. Fundamos
23 universidades en América que daban educación a casi
200.000 alumnos de todas las clases sociales y razas (
Portugal no fundó ninguna en
Brasil durante su periodo colonial, mientras que la
Inglaterra
colonial de entonces, por ejemplo, hasta ese momento se había
preocupado más bien poco por educar a sus indígenas), y a través de la
península, hacíamos llegar a América todas las corrientes intelectuales
y las artes que la grandiosa España de entonces absorbía.
CAPITULO XII del testamento de ISABEL
LA CATOLICA: «Por cuanto al tiempo que nos fueron concedidas por la
Santa Sede Apostólica las islas e tierra firme del mar Océano,
descubiertas e por descubrir, nuestra principal intención fue, al tiempo
que lo suplicamos al Papa Alejandro sexto de buena memoria, que nos
hizo la dicha concesión, de procurar inducir e traer los pueblos de
ellas e los convertir a nuestra Santa Fe católica, e enviar a las dichas
islas e tierra firme del mar Océano perlados e religiosos e clérigos e
otras personas doctas e temerosas de Dios, para instruir los vecinos y
moradores de ellas en la Fe católica, e les enseñar e doctrinar buenas
costumbres e poner en elfo la diligencia debida, según como más
largamente en las Letras de la dicha concesión se contiene, por ende
suplico al Rey, mi Señor, muy afectuosamente, e encargo e mando a la
dicha Princesa mi hija e al dicho Príncipe su marido, que así lo hagan e
cumplan, e que este sea su principal fin, e que en ello pongan mucha
diligencia, e non consientan e den lugar que los indios vecinos e
moradores en las dichas Indias e tierra firme, ganadas e por ganar,
reciban agravio alguno en sus personas e bienes; mas mando que sea bien e
justamente tratados. E si algún agravio han recibido, lo remedien e
provean, por manera que no se exceda en cosa alguna de lo que por las
Letras Apostólicas de la dicha concesión nos es infundido y mandado».
¿Qué se cometieron atrocidades e injusticias? Sin duda, sí. ¿Qué
hubo quienes utilizaron su poder personal para esclavizar a veces a los
indígenas? También. Pero el
95% de las muertes acaecidas por
aquel tiempo en América no son producto de las armas españolas, sino de
los virus y enfermedades (como la gripe, la viruela, la escarlatina o
el sarampión), que inevitablemente se transmitieron de España a América
y de América a España entre dos mundos que hasta ese momento habían
estado permanentemente aislados entre sí.

Por
todo ello, creo que es deber de toda la comunidad Hispanoamericana
conocer estos hechos, para no dejarnos seguir engañando por la leyenda
negra creada por el mundo anglosajón y por quienes encabezaron las
distintas independencias e hicieron creer a algunos que la bellísima
historia común que tenemos no fue sino una vulgar y cruel escabechina.
Con un poco de rigor histórico y cultura, descubrimos que lejos de ser
aquello que esos dicen, la historia de España en América es uno de los
periodos más hermosos y prósperos de la historia universal, porque
España no fue a América para irse sino para quedarse, para construir y
para fusionarse. Y fruto de ese aporte y de esa fusión son sus ciudades y
sus gentes de hoy, que son el mejor ejemplo vivo de aquella gesta sin
igual que hermanó para siempre a una comunidad de naciones que hoy
engloba a
450 millones de personas.
JOSÉ JAVIER ESPARZA Y ANTHONY ESOLEN
-

El
veinte de noviembre es la fecha en que murió el general Franco, pero
también es el día en el que cayeron dos españoles envueltos ahora en la
bruma : Buenaventura Durruti, líder de la CNT y referente del
Anarcosindicalismo hispano, y José Antonio Primo de Rivera, fundador de
Falange Española e impulsor del Nacionalsindicalismo. Los dos murieron
un veinte de noviembre; los dos en la guerra de 1936; los dos utilizados
como punto de lanza de los bandos en contienda, cada uno en uno; los
dos usados y manipulados. Hoy están cubiertos por el olvido de la
mayoría de los españoles, o adorados por sus seguidores minoritarios en
el pedestal donde se venera a los héroes..
Buenaventura Durruti fue ante todo un
activista que no rehusó el uso de la violencia. Líder y referente de
aquella CNT que durante la Segunda República era el sindicato de las
masas españolas con cuatro millones de afiliados. La violencia
impregnaba el ambiente en una España ensangrentada. José Antonio y
Durruti no fueron simples pistoleros, pero tampoco hicieron ascos a la
“dialéctica de las pistolas”. Ambos eran personas de buena fe, con los
excesos de la época, aunque sin la hipocresía de otros que tiraban la
piedra y escondían la mano.
Buenaventura Durruti conoció el
encarcelamiento de José Antonio Primo de Rivera en una prisión de
Alicante. El lider anarquista reaccionó vehementemente. Dijo que
encarcelar al jefe de la Falange era acabar con lo único sano de la
España franquista, dar el tiro de gracia a la posibilidad de
reconciliación de las dos Españas. Durruti pensaba que aquello era una
consecuencia de la sovietización del bando republicano. La escena es
recogida por varios testimonios de la época.
El día en el que Primo de Rivera fue
fusilado, en la mañana del veinte de Noviembre, Buenaventura Durruti
participaba en la defensa de Madrid ante el acoso de las tropas de
Franco. Una bala lo alcanzó en las inmediaciones del Hotel Ritz.¿Un
accidente? Algunos historiadores hablan de un asesinato orquestado por
los comunistas. Algunos historiadores sostienen también que los
gerifaltes de la zona nacional podrían haber hecho algo por liberar a
José Antonio. Se trataba de personas molestas para militares con pocas
ideas, o para estalinistas de frialdad glaciar.
José Antonio y Durruti entraron en la
historia y en el mito el mismo día de un otoño de 1936. Las balas
irrumpieron en una España asediada por la injusticia, el miedo y la
ansiedad. Las balas interrumpieron los intentos de acercar posturas
entre CNT y Falange plasmados en las conversaciones, siempre difíciles,
entre dirigentes de ambas formaciones. Las balas desgarraron la carne
joven de dos españoles que el destino colocó como santo y seña de bandos
antagónicos. Paradojas de la historia.
Los cuerpos de Durruti y José Antonio fueron enterrados, y sobre el ataúd de ambos iba una bandera roja y negra.
Javier López
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Entre las muchas aportaciones que España ha realizado a la ciencia universal, hay una que en su momento fue decisiva: la primera demostración empírica de que la tierra es redonda. El
deseo de llegar por las rutas de Occidente a las islas de las Especias,
que acababan de descubrir los portugueses navegando por las rutas de
Oriente, significó la oportunidad de dar, por primera vez, la vuelta al
mundo.
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| FERNANDO DE MAGALLANES |
Eso
fue lo que logró el viaje de Magallanes y Elcano alrededor del globo.
Después de tres años de calamitosa travesía, el 6 de septiembre de 1522,
Juan Sebastián Elcano junto con 17 hombres desnutridos y enfermos
desembarcó de la nao Victoria en el puerto gaditano de Sanlúcar de
Barrameda, tras recorrer unos 80.000 kilómetros.
La primera vuelta al mundo partió de la idea de Fernando Magallanes, un marino portugués nacido en 1480, experto en las artes de navegar e intrépido aventurero. Había
realizado unos primeros viajes por la India y Malaca entre 1505 y 1511,
regresando a Portugal sabedor de la enorme riqueza que generaba la
importación a Europa de las especias asiáticas.
Los
portugueses tenían colonias por las costas de África y Asia,
controlaban las rutas a las islas de las especias en dirección este.
Su
proyecto trataba de buscar una ruta alternativa a la ya establecida por
la corona portuguesa, en dirección oeste buscando un estrecho marítimo
en América que permitiera pasar al mar del Sur, el mismo que la
expedición de Vasco Núñez de Balboa llamó también Pacífico. Pero su
proyecto fue rechazado por el monarca luso Manuel I el Afortunado.
Sólo
España estaba en condiciones de aunar la experiencia marinera, el
conocimiento geográfico y cartográfico, la audacia humana, la voluntad
política y los recursos económicos para emprender tal aventura marítima.
Por eso, en 1517 Fernando de Magallanes viaja hasta Sevilla, donde se puso en contacto con Juan de Aranda, factor de la Casa de Contratación. Ambos consiguieron que en 1519 llegase su proyecto expedicionario a manos de Carlos I quien recibió al portugués en Valladolid, la capital de España.
Su
objetivo consistía en llegar a las islas Moculas para obtener especias
permitiendo que España se convirtiese en la principal suministradora de
pimienta, clavo, nuez moscada y otras especias tan codicias en Europa.
El plan consistía en abrir una ruta por el oeste, rodeando el continente
americano por su extremo sur, y pasando sólo por dominios españoles.
Surgió una dificultad diplomática, ya que según el Tratado de Tordesillas
firmado en 1494 entre Castilla y Portugal, ambos países se habían
repartido el mundo en dos mitades. Por tanto, si las islas Moculas
quedaban del lado luso, Carlos I quebrantaría las relaciones
diplomáticas con Portugal. Magallanes, basándose en los mapas de su
tiempo, creyó que el camino occidental es viable y que las primeras
islas asiáticas están cerca de la barrera americana.
Se
trató, a posteriori, de un error de cálculo, pero el rey de España confió en la
empresa y puso al portugués al frente de 265 hombres y cinco barcos: la
capitana Trinidad, la Concepción, la Victoria, la Santiago y la San Antonio, cargadas de
provisiones previstas para dos años (galletas, sardinas arenques, higos y siete
vacas que les proporcionaban leche fresca). Es la llamada Flota de las Malucas.
 |
| JUAN SEBASTIÁN ELCANO |
Juan Sebastián Elcano tuvo conocimiento del proyecto y tomó partida en él como contramaestre de la nave Concepción. Marino guipuzcoano con amplios conocimientos náuticos, nació en Getaria en 1476. Participó en la expedición del cardenal Cisneros a Argel de 1509, y en las campañas de Italia del Gran Capitán.
La expedición partió del puerto de Sevilla el 10 de agosto de 1519.
El primer tramo de la expedición es relativamente tranquilo. Toda la
armada cruzó el océano Atlántico en dirección a Sudamérica. Bordeando la
costa de Brasil, hicieron un breve descanso en Río de Janeiro y
exploraron la gran boca del Río de la Plata y el litoral de la
Patagonia. Pero comenzaban a surgir los problemas y las desconfianzas de
la tripulación con respecto a Magallanes debido a varios motivos:
primero, Magallanes mantenía en secreto
el objetivo de su viaje, lo cual inquietaba al resto de capitanes;
segundo, los capitanes españoles desconfiaban de Magallanes, en buena
parte por las discusiones establecidas en Sanlúcar con agentes
portugueses; y tercero, la costa suramericana parece interminable, no
aparecía ningún paso hacia el otro lado y, además, a bordo hacía un frío
insoportable.
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| PUERTO DE SEVILLA, SIGLO XVI |
La
armada navegó por el hemisferio sur, donde en invierno empieza en
marzo, las temperaturas eran tan bajas que decidieron invernar en la
bahía de San Julián, en la Patagonia, donde hubo un intento de sublevación. El inspector de la expedición, Juan de Cartagena, secundado por otros tripulantes, Luis de Mendoza, tesorero, Antonio Coca, contador, y Gaspar de Quesada,
se niega a seguir adelante. Magallanes pudo resolver el problema con
astucia, pero fue severo con los cuatro cabecillas del complot. Más bien
prefirió contemporizar con unos marineros muy necesarios para continuar
el viaje. Uno de los más beneficiados por aquella indulgencia fue
Elcano, subordinado de Gaspar de Quesada, que estaba entre los
cabecillas del motín. Elcano se vio atrapado en un conflicto de
fidelidades: o seguir al capitán de su barco, o seguir al jefe de la
expedición. Primero se amotinó, pero luego contribuyó a sofocar el
motín, ganándose la confianza de Magallanes.
En
la bahía de San Julián sobreviven durante cinco meses bajo el frío,
cazando animales como avestruces, zorros y moluscos y derritiendo el
agua de bloques de hielo. La nao Santiago, durante un reconocimiento, se estrella contra la costa por un temporal, sin consecuencias. Y toman contacto con los indios tehuelches, los "patagones" por las enormes huellas que sus abarcas dejan en la nieve.
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| ESTRECHO DE MAGALLANES |
El 21 de octubre de 1520, se adentraron en el deseado paso al que Magallanes bautizó como estrecho de Todos los Santos y
de las Once Mil Vírgenes. El 28 de noviembre salieron al mar del Sur,
al que denominaron con el nombre de mar Pacífico o mar de las Damas por
los suaves vientos alisios que soplaban. Por él navegaron durante tres
meses en condiciones calamitosas, los marineros mueren a mansalva al
carecer la tripulación de agua y provisiones frescas y, en consecuencia,
padecieron de escorbuto. Cuando los víveres se agotaron, llegaron a alimentarse de cuero, ratas, cucarachas y todo lo que encontraban.
Durante la etapa transpacífica, la San Antonio, al mando del portugués Esteban Gómez, abandonaba la flota por falta de víveres para volver a España.
El 24 de enero de 1521 llegaron a la isla de Guam, perteneciente a las islas Marianas, también conocidas como islas de los Ladrones, que las llamaron así porque los indígenas entraban en los barcos y robaban todo cuanto encontraban. Continuaron hacia el oeste en dirección Cebú.
El 16 de marzo llegaron a la playa de San Lázaro, en Cebú, isla perteneciente al archipiélago de Filipinas, donde establecieron buenas relaciones con los nativos. Las tripulaciones se abastecen, descansan y se recuperan.

MONUMENTO AL CACIQUE FILIPINO LAPU-LAPU
En la isla de Mactán,
el 27 de abril, surgieron las complicaciones. Magallanes desembarcó con
60 hombres armados para obtener la soberanía española sobre todas
aquellas islas. Contaba el portugués con el apoyo del rey de Cebú y sus
soldados. Pero, mientras entraban en amigables tratos con los
aborígenes, el jefe cacique local Lapu-Lapu se niega a reconocer a
Magallanes como su señor, y unos 1.500 isleños rebeldes cayeron sobre
ellos.
Durante
la emboscada, los soldados españoles atacaban con fuego de mosquetón y
tiros de ballesta, mientras que los indios se protegían con escudos de
madera y contraatacaban con flechas envenenadas.
Magallanes
participó durante su juventud, en 1511, en una expedición para
conquistar Malaca, en la India portuguesa. Sus compatriotas se
impusieron a los nativos en gracias a la ventaja que les proporcionaba
la artillería. Ahora, a la vista de unos indígenas filipinos
técnicamente incapaces de hacer frente a los europeos, el portugués
cometió el error de infravalorarlos y no tomar las debidas precauciones,
constándole la vida y la de algunos de sus compañeros. También fue un
error el haberse implicado en una contienda de jefes locales.
Sobrevivieron
114 hombres para tres barcos. La expedición quedó al mando,
sucesivamente, de varios de sus capitanes que se disputaban el poder,
mientras continuaban explorando las islas, entablando relaciones con los
jefes locales y buscando la ruta de las Molucas. Duarte de Barbosa, el capitán, fue asesinado junto con 24 soldados en otra emboscada. El mando superior pasó a Juan Carbajo. Entonces, decidieron hundir la nao Concepción,
debido a una plaga de moluscos que había carcomido el casco. La cada
vez más mermada tripulación se repartió entre las dos únicas naves
efectivas. Gonzalo Gómez de Espinosa mandaba la Trinidad, y Juan Sebastián Elcano recibía la Victoria.
 |
| NAO VICTORIA |
Desde
Cebú, la expedición buscó las tan deseadas Molucas, haciendo una aventurada
travesía. Primero pasando por Mindanao, y tras hacer escala en Bohol y
Panilongo, llegaron a Cimbonbon. Finalmente, un triunvirato encabezado por
Elcano se hizo con el mando de lo que quedaba de la flota, argumentando que los
jefes portugueses colaboradores de Magallanes habían eludido a propósito las
Molucas para no perjudicar a Portugal, que poseía el lucrativo monopolio del
comercio de las especias.
Elcano, al mando de la expedición, puso rumbos suroeste, atravesó los archipiélagos de Basilán y Joló, desembarcó en las islas de Batuán, Calagán y Monolipa, donde encontraron una canela de gran calidad. Llegaron a su destino, las Molucas, el archipiélago de las ricas especias, a finales de 1521. Allí, en la isla de Tidore, establecieron tratados con los príncipes nativos y cargaron un importante cargamento de especias, con lo que se cumplió el objetivo del viaje.
El 21 de diciembre, la expedición se divide. La Trinidad,
dirigida por Gómez Espinosa, sufre una avería, por lo que se acuerda su
permanencia en las Molucas hasta su adecuada reparación. El viaje de
regreso se efectuaría con rumbo al Darién, entre Panamá y Colombia. Pero
el plan fracasa, no consiguen encontrar una travesía de vientos que les
retorne a América, el torno-viaje que medio siglos más tarde hallaría
Urdaneta, y sus hombres terminaron presos de los portugueses, dueños
comerciales de la zona.


 |
| DERROTERO SEGUIDO EN LA PRIMERA VUELTA AL MUNDO |
La proximidad de los portugueses, hizo que Elcano al frente de la Victoria
pusiese rumbo al oeste. Allí se gestó el proyecto de dar la vuelta al
mundo. Regresar a España por el océano Índico suponía la violación del
Tratado de Tordesillas. Acompañado de 47 españoles y 13 naturales,
arribó a la isla de Timor, ya en 1522, donde supo de la existencia de
otras tierras e islas, las actuales China, Java e Indonesia.
La
expedición de Elcano cruzó el océano Índico por una ruta lo más
meridional posible, pasando un calvario de hambre, sed y enfermedades.
Por otra parte, el rey Juan de Portugal se propuso sabotear la nueva
ruta, por eso, ordena a todos los puertos portugueses que negaran
cualquier ayuda a las expediciones españolas.
Elcano
consiguió dominar la impaciencia de la tripulación, ansiosa de bajar a
tierra desde que pasaran ante las costas de Mozambique y el 19 de mayo
de 1522, doblaron el cabo de Buena Esperanza.
 |
| MONUMENTO A ELCANO EN GETARIA, POR RICARDO BELLVER |
En Cabo Verde, en el África
occidental, Elcano decide enviar a trece hombres en una pequeña
embarcación, un esquife, para conseguir víveres sin revelar su
identidad. La colonia es de dominio portugués, y su gobernador se ofrece
a comerciar, cuando consiguieron agua y comida, cometen el error de
pagar en especias, descubriendo su ilegal procedencia, por lo que los
marineros son apresados. Es en Cavo Verde donde supieron que llevaban un
día de retraso como consecuencia de haber navegado de este a oeste,
dando la vuelta a la Tierra. Un descubrimiento más, comprobado
empíricamente por la expedición. Elcano comprenden la situación, nadie
puede aportarles ayuda, y pone rumbo final por la costa oeste del
Atlántico hacia España.
En
el Atlántico, la carencia de alimentos se hizo sentir de nuevo. Durante
días y días, los supervivientes navegaron sin probar alimento fresco.
El escorbuto se cebó en los hombres, a los enfermos se les hinchaban las
encías y se les caían los dientes, muchos murieron completamente
extenuados entre grandes dolores. Sólo el indomable tesón de Elcano
mantuvo la moral de sus hombres para hacer frente a tanta adversidad. Cuando ya estaban cerca, una enorme tormenta desvía la nao Victoria hacia las portuguesas islas Azores.
 |
| REGRESO DE JUAN SEBASTIÁN ELCANO A SEVILLA, POR ELÍAS SALAVERRÍA IN CHAURRANDIETA |
Por fin, después de tres años menos catorce días de navegación, el 6 de septiembre de 1522 la expedición al mando de Magallanes-Elcano, tras recorrer 14.000 leguas, entraba en el puerto gaditano de Sanlúcar de Barrameda. Llegó con sólo 18 supervivientes, exhaustos, hambrientos y enfermos, a bordo de la nave Victoria, la única que quedaba de las cinco que partieron, eso sí, con las bodegas cargadas de especias. Misión cumplida.
Los 18 supervivientes que llegaron a Sevilla eran trece españoles, tres italianos, un portugués y un alemán: Juan Sebastián Elcano, de Getaria, capitán; Miguel de Rodas, piloto; Juan de Acurio, de Bermeo, piloto; Antonio Lombardo (Pigafeta), de Vicenza, cronista; Juan de Arratia, de Bilbao, grumete; Juan de Zubileta, de Baracaldo, paje; Martín de
Yudícibus, de Génova, marinero; Francisco Albo, de Axila, piloto;
Hernando de Bustamante, de Alcántara, marinero y barbero; Nicolás el
Griego, de Nápoles, marinero; Miguel Sánchez, de Rodas, marinero;
Antonio Hernández Colmenero, de Huelva, marinero; Francisco Rodrígues,
portugués de Sevilla, marinero; Juan Rodríguez, de Huelva, marinero;
Diego Carmena, marinero; Hans de Aquisgrán, cañonero; Vasco Gómez
Gallego, el "portugués", de Bayona, grumete; Juan de Santandrés, de
Cueto, grumete.
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| PLACA HOMENAJE A LOS SUPERVIVIENTES DE LA PRIMERA VUELTA AL MUNDO |
El cargamento traído en la nao Victoria
es de 381 sacos de espacias, con un peso de 524 quintales. Su venta en
el mercado español y europeo cubre los gastos de la expedición y arroja
un beneficio de 346.220 maravedíes.
Elcano
y la tripulación superviviente marcho para Valladolid, ante la corte
del emperador Carlos I. Allí presentaron a los indios que traían de
aquellas remotas islas, los regalos de sus reyes, pájaros raros,
producciones exquisitas, y las preciosas especerías adquiridas.
El
emperador llenó de honores a los héroes de tal hazaña, recibió
personalmente a todos los supervivientes y, además, se preocupó de que
fueran liberados
los marineros apresados por los portugueses tanto en Filipinas como en
Cavo Verde. Elcano recibió una cuantiosa renta anual y un escudo de
armas cuya cimera, un globo terráqueo, lleva la leyenda Primus circumdedisti me (El primero que me diste la vuelta).
Tras
el hallazgo, las Cortes de Castilla y de Portugal trataron de componer
las diferencias contraídas sobre la pertenencia de las Molucas por medio
de jueces instruidos, reunidos entre Yelves y Badajoz. El emperador
convocó a Elcano, el gran testigo ocular de la verdadera situación de
aquellas islas. Su voto y manifiesto fue razón de mucho peso y autoridad
en las conferencias. Con su ayuda los castellanos impusieron sus
argumentos sofocando la razón de los lusitanos, y en 1524, sentenciaron
la titularidad de las Molucas a favor del emperador.
Apenas cuatro años después Elcano regresa al mar, se enroló en la expedición marinera de García Jofre de Loaysa para la conquista de las islas Molucas. Murió el 4 de agosto de 1526 mientras atravesaba el Pacífico al mando de la nave Espíritu Santo.
Hay un viejo dicho latino que Plutarco atribuye a Pompeyo y que la Liga Hanseática adoptó como lema: Navigare necesse este, vivere non est necesse (Navegar es necesario, vivir no es necesario).

BUQUE-ESCUELA JUAN SEBASTIÁN ELCANO |
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